|
La privilegiada costa patagónica da lugar a descubrir su variada fauna y flora sobre tierra y bajo el agua. Además los balnearios ostentan excelsos servicios para disfrutar del sol y del mar.
Hay una Patagonia sin lagos azules, ni montañas de picos nevados, ni bosques de cuentos de hadas. Del lado de la costa, igualmente bella como la cordillerana, inmersa en una deslumbrante y vasta meseta que parece no tener fin, se encuentra Puerto Madryn.
Recostada sobre el Golfo Nuevo, recibe cada año a miles de turistas que llegan en busca del salto maestro de la ballena franca, que entre setiembre y mediados de diciembre hace un alto en las costas de la Península de Valdés, declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.
Pero la mayoría de los visitantes extiende su estadía en Puerto Madryn más allá de diciembre y no sólo porque descubre un santuario natural de fauna muy variada aun antes de cruzar el Istmo Ameghino hacia la península: en sus 60 kilómetros de costa se despliegan bellísimas playas, muchas agrestes, asentamientos paleontológicos y el maravilloso mundo submarino, que le valió a Madryn con justicia el título de "capital del buceo".
La fauna, se sabe, es un imán para los viajeros que, tras la temporada de ballenas, se deslumbran con los pingüinos de Magallanes, que anidan en Punta Tombo, más de 100 kilómetros hacia el sur, pero aún hay más.
De playas y sirenas
El pacífico pulso urbano de Puerto Madryn se altera en verano, cuando los visitantes recorren sus calles en bicicleta o caminan por la costanera, un primer acercamiento a este enclave que pone especial acento en el respeto por la ecología y el medio ambiente.
Sus playas interminables son el punto de partida para las más diversas aventuras. En las más cercanas a la ciudad se concentran siete balnearios con servicios gastronómicos y oferta de actividades deportivas. Suelen ser las más concurridas por las familias y los jóvenes aunque, de acuerdo a la dirección del viento de las modas veraniegas, algunos ofrecen propuestas distintivas para atraer a diferentes "tribus".
Desde los paradores Bernardino, Mediterráneo, Joaquina, Sotavento, Nissan Beach Point, Maminas y Patagonia parten excursiones de trekking y cabalgatas, safaris paleontológicos, paseos en catamarán, salidas de pesca y navegación a vela. Na Praia y Las Dunas alquilan tablas de windsurf y kayaks, para los más aventureros, y también cuentan con distintas opciones de buceo.
Para conocer la vida submarina, lo ideal es buscar playas más tranquilas y agrestes, donde el mar esmeralda y la arena, a veces tan blanca como las conchillas, dan la sensación de estar en un "pequeño Mediterráneo" al sur del mundo.
A 17 kilómetros al norte de la ciudad, la playa El Doradillo es un privilegiado punto de avistaje de ballenas francas, toninas overas y orcas. No hace falta llevar traje de neoprene ni binoculares; sólo es preciso quedarse quieto tendido sobre la arena para presenciar las rituales piruetas de su cortejo amoroso.
Verlas, y sobre todo escucharlas en completo silencio, devela uno de los tantos misterios de Madryn: de allí provienen los inquietantes y a la vez hipnóticos sonidos -que algunos asocian con cantos de sirena- que el viento trae por las noches.
Las playas arenosas con ondulaciones suaves del Norte se transforman en abruptas pendientes de canto rodado hacia el sur. Esa belleza salvaje atrae a los solitarios y también a los pescadores de pejerrey, que sostienen que allí no sólo hay buen pique sino que se encuentran los ejemplares de mayor tamaño.
En los muelles también se escribe la historia de las ciudades. El Almirante Storni ha sido testigo desde 1974 de la evolución mercantil de Puerto Madryn. Camino a El Doradillo está el muelle Luis Piedrabuena, construido en 1910.
Es el primero para cruceros del país. Como cada año, desde comienzos de noviembre y hasta abril, otras sirenas -menos míticas y con sonido más grave- anuncian el atraco de gigantes de todo el mundo que traen visitantes a las costas de Puerto Madryn.
De regreso por el bulevar que bordea la Costanera, hacia el Sur, unos 12 kilómetros de camino de tierra llevan hasta la Reserva Natural Punta Loma. El sendero de interpretación permite conocer la flora típica de la zona, un gran apostadero en el que conviven comunidades de aves, reptiles y mamíferos, especialmente unos 800 ejemplares de lobos marinos de un pelo, que llegan a ser muchos más entre diciembre y febrero, época de reproducción.
A 3 kilómetros al Sur, la playa Cerro Avanzado guarda rastros de la historia geológica de la región: en toda la reserva de Punta Loma, pero especialmente en la base del cerro, se encuentran yacimientos de fósiles marinos, únicos por su riqueza y extensión.
Si se observan con detenimiento los acantilados y las restingas se descubren varias capas con la impronta de fósiles de mejillones, ostras, cangrejos y caracoles, lo que demuestra que este refugio árido, al que se llega en un vehículo 4x4 tras atravesar sinuosos caminos de ripio y enormes médanos, estuvo hace millones de años cubierto por el mar.
A unos 64 kilómetros, sobre el extremo sur del Golfo Nuevo, el paisaje cambia nuevamente en Punta Ninfas. Desde el desolado faro se tiene una completa vista del golfo y del horizonte infinito del mar que se une con el cielo, allí donde probablemente habitan las ninfas del océano.
Bajo el azul profundo
En Madryn además de los avistajes hay un modo extremo y memorable de acercarse a la fauna marina: bajo el agua. Precisamente la diversidad de las aguas del Golfo Nuevo, con sus parques submarinos y sus arrecifes, hacen de esta zona el sitio ideal para travesías submarinas, tan aptas para buzos experimentados como para principiantes.
No hay mejor foto que la de un bautismo submarino en esas aguas transparentes. Esta modalidad de buceo recreativo no exige experiencia previa. "Bueno, ¿vamos?", son las últimas palabras del guía acompañadas de una ancha sonrisa antes de sentir que el cuerpo se desplaza con levedad en el agua.
La profundidad aumenta a medida que adquirimos confianza: a 5 metros de la superficie nos rodean infinidad de peces, entre ellos, turcos, meros, escrófalos y chanchitas de mar, que se deslizan entre algas brillantes, estrellas de mar rosadas y pólipos multicolores. La increíble diversidad de flora y fauna marinas se puede observar hasta los setenta metros de profundidad, gracias a la transparencia del agua.
Cada parque submarino ofrece una perspectiva diferente de ese mundo, al que pocas veces se puede acceder. Aun para quienes tengan experiencia en inmersiones, no es recomendable bucear solo, porque el fondo del mar también presenta situaciones inesperadas.
Punta Cuevas, una formación rocosa cubierta por distintas variedades de algas, tiene el aspecto de un gran bosque submarino, repleto de cangrejos, anémonas, caracoles y estrellas de mar. Las restingas comienzan a 300 metros de la orilla, cuyo fondo arenoso es ideal para buzos principiantes y para hacer snorkelling.
Los arrecifes naturales de Piedras Grandes están repletos de alga undaria, una especie exótica introducida desde Asia a través de buques de ultramar. Es una foto muy buscada por los turistas ya que posee una gran cantidad de pólipos multicolores que tapizan sus aleros.
Bucear entre naufragios es, también, una opción que promete adrenalina. Uno siempre busca pequeños rastros que arrojen información nueva y permitan reconstruir la historia de esos antiguos gigantes hoy convertidos en esqueletos. La sensación se intensifica al recorrer la Goleta Emma, una antigua embarcación estadounidense hundida en los años '30; aún se pueden distinguir el motor, su quilla, la bocina de bronce y el lastre.
La aventura continúa en Punta Ameghino, naufragio de una vieja barcaza a vapor de la compañía mercantil La Anónima, frecuente punto de reunión de lobos marinos, y también en Playa Paraná, donde se halla el pesquero Folias, a 300 metros de la playa, cubierto por pólipos azules, rojos, amarillos, verdes y naranjas.
Otro tesoro aguarda a 30 metros de profundidad. Se trata del Arca de Madryn, un cofre sumergido en diciembre de 1999 que se abrirá en 2.100 y que contiene fotos, mensajes, recetas, revistas y otros objetos de Puerto Madryn. Al lado del arca, está el Libro Profundo, donde los buzos dejan registro de su inmersión.
Fuente: Los Andes Online
http://www.losandes.com.ar/notas/2009/12/6/turismo-460555.asp
|